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lunes, 4 de febrero de 2013

MINDFULNESS Y PRÁCTICA ESPIRITUAL



La práctica espiritual tiene que ser iniciada desde un sentido profundo de realidad. La conexión con lo terrestre es indispensable, pues de no ser así, de no estar fuertemente enraizada a la tierra, puede resultar desacertada y por momentos peligrosa.

Esta Práctica Espiritual Mindfulness, no está aplicada dentro de un contexto religioso, es una Práctica que re-liga al hombre consigo mismo, con lo esencial, donde el hombre vuelve a su estado original de unidad consigo y con todo.

La Práctica de Mindfulness, la raíz de toda sanación, curación es la conexión.

Con esta intención Jon Kabat Zinn funda el programa en el año 1979, dirigido al sufrimiento que no puede ser aliviado con procedimientos, medicamentos o tratamientos ortodoxos.

La práctica sistemática genera cambios cerebrales al servicio del alivio de este sufrimiento.

Es importante aclarar que espiritualidad y materialismo se complementan. Materialista es aquel que está impedido de ver el espíritu en la materia. El espiritualista no puede ver la materia en el espíritu.

Ejercicio: Observe sin juicios, para darse cuenta, el sufrimiento que la mente crea cuando quiere controlar lo incontrolable.

Tomado de: http://www.clarin.com/buena-vida/salud/Mindfulness-practica-espiritual_0_848315395.html

Para una mayor informacion contactenos: real-lax

jueves, 8 de abril de 2010

Ejercicio y Balance Afectivo


El doctor Ariel Alarcón en su libro MANUAL PARA LA REDUCCIÓN DEL ESTRÉS, afirma la existencia de una relación entre el balance afectivo de los individuos y la realización de ejercicio:

Según éste, se han realizado más de cien estudios en los últimos 35 años que han analizado la relación entre la realización de ejercicio y el balance afectivo de las personas. La conclusión de dichos estudios fue siempre la misma: la realización de ejercicio produce en las personas un sentido de bienestar general, un efecto de “sentirse mejor”, contribuyendo a la mejora del estado emocional y del humor. Sin embargo, recientemente se ha analizado con mayor detalle la relación entre el afecto y el ejercicio, encontrando que es mucho más compleja de lo que se pensaba.

Refiriendo de esta manera, que el punto central de análisis en los últimos años ha sido la relación entre la “dosis” del ejercicio (a saber: intensidad, duración y frecuencia) y la naturaleza de respuesta afectiva. Se ha observado por ejemplo que las personas que realizan ejercicio con alta intensidad presentan una respuesta afectiva negativa o de rechazo hacia el mismo, y esto a su vez lleva a la poca adherencia al ejercicio. De esta forma el ejercicio intenso que traiga como consecuencias  síntomas tales como dolor muscular, esquelético o deficiencias cardiorespiratorias influenciara negativamente la respuesta afectiva de quien lo realiza. 

Asimismo el doctor Alarcón manifiesta: "aunque la realización de ejercicio moderado con intensidad media (es decir no tan baja y no tan alta) ha sido frecuentemente relacionada con cambios afectivos positivos, estudios recientes han mostrado que hay una variabilidad individual importante, ya que hay tanto quienes reportan un cambio afectivo positivo como quienes reportan un cambio afectivo negativo".

Nuevamente, la presencia o ausencia de síntomas de desgaste físico, que varían de sujeto a sujeto, influenciará la respuesta afectiva de cada persona, de allí la importancia de una pronta recuperación física una vez realizado el ejercicio, así como de que se haga una progresión adecuada de la intensidad de trabajo cuando se inicia la actividad física por primera vez.

Reconociendo la importancia que juega la presencia o ausencia de los síntomas de desgaste físico típicos de cualquier actividad física en la respuesta afectiva y en la adherencia al ejercicio, se han implementado algunas técnicas cognitivas para ayudar a las personas a adaptarse a estas sensaciones desagradables.

Estas técnicas incluyen la  disociación atencional (llevar la atención a otra cosa que no sean las sensaciones del cuerpo), la restructuración cognitiva (pensar que los síntomas desagradables como algo positivo porque es prueba de mejoría) y el  sentido de autoeficacia física (pensar que nos es posible seguir ejercitándonos).

Estas técnicas han resultado efectivas para promover la adherencia al ejercicio físico pero no necesariamente conducen a todos los casos a una respuesta afectiva positiva. Por lo tanto, cabe aclarar que se requieren más investigaciones que profundicen las diferentes variables que influyen en la relación ejercicio-balance afectivo.

De igual manera, es recomendable consultar con su médico la dosis de ejercicio que mas se ajuste a su estado físico, a su edad y demás condiciones a tener en cuenta.

Para ampliar la información, consulte el libro Manual Para la Reducción del Estrés.

Director: Ariel Alarcón Médico Psiquiatra
Colaborador: Luz Karime Jiménez Jaimes Psicóloga
Fuentes: Manual Para la Reducción del Estrés

jueves, 25 de marzo de 2010

¿Te Ejercitas? ¿Ejercitas tu Mente?



Al parecer el realizar ejercicio genera bienestar en el cuerpo por el incremento de oxigeno en la sangre, pero así mismo por el aumento en la producción de endorfinas. El descubrimiento de estas se presento en 1975 durante una búsqueda intencionada de aquello que intervenía en inhibición de dolor pero de la misma manera, en el incentivo de otras emociones como el placer, bienestar y en algunas ocasiones euforia. Dentro de algunos factores asociados a la endorfina, encontramos el ejercicio.
En esta ocasión, vamos a mencionar el ejercicio físico y ejercicio mental.
En el primero, es decir, el ejercicio físico, encontramos con facilidad como muchos investigadores del deporte, de la salud, entre otros se han interesado por el tema, como en el caso de Mountain Bike, un grupo de personas que reportan dentro de su espacio web, como el ejercicio resulta asociado a la disminución de ansiedad y la depresión, considerando que “(…) el ejercicio físico practicado de forma habitual, previene y reduce la ansiedad al bajar la activación fisiológica, de forma general, con lo que nuestro nivel de activación será más bajo, y será más fácil controlarlo al percibir una amenaza”.
Ahora en cuanto al ejercicio mental, el doctor Ariel Alarcon nos manifiesta su idea desde un dicho popular, en cual afirman: “cuerpo sano mente sana”  donde afirma ya se reconocía la evidente conexión entre salud física y mental, sólo recientemente la comunidad científica ha prestado especial atención a la relación entre ejercicio físico y función cerebral. Se ha descubierto que no sólo la actividad intelectual es importante para mantener la capacidad intelectual a medida que se envejece; el ejercicio físico también lo es. Es así como, además de que el ejercicio ha demostrado potenciar procesos cognitivos, atencionales y de memoria, es un método excelente de protección frente a enfermedades neurodegenerativas, e incluso puede ayudar a disminuir el impacto de estas enfermedades.
Al principio se pensaba que los efectos positivos del ejercicio físico se debían fundamentalmente a que el flujo de sangre al cerebro aumenta significativamente, con lo que las células cerebrales se encuentran mejor oxigenadas y alimentadas y esto contribuye a que estén más sanas. Aún siendo esto un aspecto importante, el ejercicio produce una gran variedad de efectos sobre el cerebro, que sólo hasta ahora se están empezando a conocer, y que no se pueden explicar exclusivamente por un aporte mayor de nutrientes.
Por ejemplo, se ha descubierto que al mover el cuerpo mientras se realiza ejercicio requiere una activación cerebral generalizada, ya que no sólo se trata de mover de forma coordinada grupos musculares, sino también de aumentar el flujo sanguíneo, el consumo de glucosa, la respiración, el ritmo cardíaco, la capacidad del sistema sensorial y propioceptivo, etc. Todo esto está regulado por distintos centros nerviosos distribuidos en zonas muy dispares del cerebro. Por lo tanto,  con la realización de ejercicio físico se activan amplias zonas cerebrales y se aumentan el número de conexiones neuronales.
Un símil muy usado que explica este fenómeno, llamado "plasticidad cerebral", es que el cerebro es un músculo más, y cuanto más se usa, más se desarrolla. Esto puede parecer una simpleza, pero no es así, y mucho menos cuando consideramos las consecuencias prácticas de esta propiedad funcional del cerebro: se pueden desarrollar estrategias combinando actividad física con actividad mental para prevenir enfermedades neurodegenerativas y a la vez mantener en buen estado, a medida que envejecemos, las capacidades intelectuales.
Es desde aquí, donde partimos nuestra recomendación de aumentar el cuidado de sí mismo, tanto física como mentalmente, a través de dedicar regularmente tiempo al ejercicio, considerado como un tratamiento clave para el bienestar, tranquilidad y objetividad.

Director: Ariel Alarcón Prada Médico Psiquiatra
Colaborador: Luz Karime Jiménez Jaimes Psicóloga
Fuentes: MountainBike; Manual para la Reducción del Estrés